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Carta a mis amigos independentistas

Queridos amigos independentistas —a los que me conocen mal les chirría, pero vosotros sabéis que algunos de vosotros sois mis amigos, que no me importa el que pensemos diferente—:

No sé como habréis encajado la reciente visita de Arnaldo Otegui a Barcelona invitado por la CUP para avalar el prusés. Yo con compañeros de viaje de semejante calaña me repensaría qué apoyos necesito y busco. Que Otegui se pasee por Barcelona, la ciudad en la que ETA despanzurró a veintiuna personas e hirió a más de cuarenta en el atentado de Hipercor del verano de 1987, es un insulto, eso por decirlo de una manera edulcorada, para mí, una verdadera hijoputez, una deposición en la memoria de las personas que la palmaron por algo tan reaccionario como ir a hacer la compra semanal. ¿Qué podemos esperar de un fulano que estaba tan ricamente en la playa el día que se cargaron a Miguel Ángel Blanco?

Otegi ha asegurado en la ciudad condal que «El Estado no tiene ningún interés en la paz y estaría encantado si volviera la violencia de ETA». Claro, Arnaldo, a todos nos emociona regresar a los tiros en la nuca, a las piernas amputadas y esas cosas. Ya de paso podríamos recuperar la guerra sucia, la cal viva y el GAL para que te hicieran mártir de la causa abertzale y un sicario de tres al cuarto te metiera una nueve milímetros por el culo. Que sí, gilipollas, que vamos a matarnos los unos a los otros. ¿Por qué clase de estúpidos desalmados nos tomas? Crees que todos somos marxistas tarados como tus amiguitos de las CUP, como ese malnacido sociópata  y gangsteril de Josep Garganté, concejal del Ayuntamiento de Barcelona, que anda por ahí diciendo que a Ernest Lluch lo mataron porque era del PSC, que algo habría hecho el hombre para que le descerrajaran dos tiros en la cabeza en el garaje de su casa. De verdad hay que ser hijo de puta… Esa es la forma de vida que defendéis, la que pasa por la muerte del prójimo. Suerte habéis tenido de que los ciudadanos —en general y se sientan o no españoles— no somos como vosotros. De lo contrario, os habríamos matado a todos, porque somos más y tenemos más pelotas. Porque no tenéis ni media hostia, volarle la tapa de los sesos a alguien por la espalda no es lo que yo entiendo por valentía. No os engañéis: a un español cabreado le duráis el tiempo que tarda en apurar la caña, repartir cuatro hostias y pedir otra cerveza. Os salva que tengamos una paciencia y una capacidad infinita para tragar mierda. Sois unos jodidos parias, una pandilla de ninis que habla de la revolución y que no habéis trabajado en la puta vida. Menos hoz y martillo y más levantarse a las cinco de la mañana para ir a currar.

No entiendo como vosotros, mis amigos independentistas, os coméis el sapo de la CUP y sus camaradas etarras. Así no, amigos, así no se puede defender nada. Con estos socios nada bueno vais a conseguir. Deseo que fracaséis en vuestro empeño de fracturar España, pero no quiero sea así, no con esta gentuza.

Buena parte de la culpa de todo esto la tenemos nosotros, los que nos sentimos españoles, porque nos hemos olvidado de los asesinados, de los inocentes a los que enviaron al otro barrio y que a no pocos ahora les molestan. Hace unos años tuve la suerte de participar en una entrevista que varios periodistas le hicimos a en Canal 4 Televisión a Antonio Salvà, padre de uno de los dos guardias civiles asesinado por ETA en el atentado de Palmanova del año 2009. Le pregunté si no creía que con el tiempo los familiares y las víctimas del terrorismo acabarían por resultar molestos, que para una parte de los políticos afectados de eneuresis crónica —vamos, que se mean encima, hablando claro— era mejor olvidar y «superar» el pasado. Me ahorro su respuesta. El tiempo, por desgracia, nos ha dicho que así es, que ahora lo importante es que los etarras encarcelados estén cerca de sus familias, que se puedan someter a tratamientos de reproducción asistida, que la universidad falsee y les otorgue títulos de carreras, que se les fabriquen puestos de trabajo a medida en la administración pública a su salida de la prisión, que se presenten a elecciones… Que aún queden más de 300 asesinatos de ETA sin juzgar porque no se han resuelto, eso no importa. Qué selectiva es nuestra pretendida memoria histórica.

No sé si España tal y como la conocemos perdurará, si se hará añicos, si a vosotros amigos independentistas se os pasará la pájara… No tengo ni idea.  Sé lo que quiero, lo que me gustaría y deseo, pero eso, como otras tantas cosas, no tiene por qué ser la realidad. Lo que os pido es que defendáis vuestras ideas sin mezclaros con terroristas y afines. Pensad que si un día alcanzáis la independencia con ellos, tan solo habréis alimentado al monstruo. El plomo y la goma2 serán entonces para vosotros. Los de la CUP no persiguen la independencia de los Països Catalans, no, lo suyo es establecer un enorme gulag soviético en el que estabularos como ganado y disponer de vuestras vidas a su antojo al modo de la más pura pesadilla comunista. No lo dudéis.

Y no dudéis, tampoco, que aún siendo amigos, me opondré a vosotros con todas mis fuerzas, con palabras y argumentos, sin plomo, como espero que lo hagáis también vosotros.

Actualizado: 14 de marzo de 2022 , , , ,

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