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El PP balear baila la conga

Hoy la cosa va de gente que le echa redaños y de gente que se caga, de personas que defienden sus ideas sin importar que sean mayoría o minoría y de aquellos que miran para otro lado cuando huelen que tienen que dar batalla.

Los segundos me aterran, esas criaturillas pusilánimes que se amilanan ante el berrido de la corrección política, que callan, esquivan y huyen de la sana confrontación de principios. Que eso lo haga un ciudadano de a pie que apenas llega a fin de mes y que no sabe donde colocar a los críos cuando va a trabajar, que blasfema en arameo cuando el panchito de Vodafone le jode la siesta, o que se cisca en los anuncios de colonias porque le recuerdan que cada vez está más viejo y gordo, lo puedo comprender. Que lo haga un diputado al que le pagamos el sueldo es, cuando menos, una infamia. Sí, querido lector, hoy le toca recibir a la parte acomplejada del Partido Popular de Baleares, que alguno se me subleva y me dice con razón que siempre le atizo —ojo, que me lo ponen en bandeja— a los podemitas. Hoy, muy a mi pesar, reciben los míos.

Estos días se habla en Navarra de la derogación de Ley de Símbolos de aquella comunidad. La noticia ha pasado desapercibida por estas tierras aunque deberíamos prestarle atención pues mucho nos dará que pensar. La presidenta Uxue Barkos de Geroa Bai lidera el ejecutivo gracias a los apoyos de Izquierda-Ezquerra, EH Bildu y Podemos. Barkos ha decidido cargarse la ley, por lo que en los edificios públicos navarros podrá ondear la ikurriña. Asegura que con ello cada uno podrá elegir lo que quiera. Ante semejante dislate y malbaratamiento de la identidad propia en favor de eso que llaman Euskal Herria, y que con cada nuevo amanecer gana kilómetros —a este paso los abertzales montarán una herriko taberna en Ulán Bator—, los populares navarros han plantado cara en el parlamento autonómico. Tal vez no puedan impedirlo, pero luchan por defender sus principios, porque creen en su identidad, porque no se tragan la milonga de Barkos, porque tienen redaños.

Dicen que las comparaciones son odiosas y en este caso la analogía resulta vergonzante. Nuestra Uxue Barkos particular, la socialista Francina Armengol que gobierna sustentada por MÉS y Podemos, se cargó la Ley de Símbolos balear en octubre de 2015. La ley aprobada durante la legislatura de José Ramón Bauzá, similar a la Navarra, tenía, entre otros, un clarísimo objetivo: evitar el uso de esteladas y demás mercadotecnia pancatalanista en las escuelas. Se van a cagar en mis muelas, pero siempre he mantenido que uno de los gravísimos problemas de la educación en nuestra comunidad es el adoctrinamiento político que ciertos desaprensivos que se hacen llamar profesores llevan  a cabo en algunas escuelas. ¿Se acuerda alguien de lo que sucedió cuando se iba a votar la derogación de la Ley de Símbolos en el Parlamento balear? Se lo recuerdo: los diputados del grupo parlamentario popular salieron de la sala para no votar. Sí, los mismos que la aprobaron en la legislatura anterior se piraron. Sí, habían cedido al canguelo, a esa tontería de creer que nacionalistas e izquierda son superiores moralmente al centro derecha. Los diputados del PP balear se fueron a comprar dodotis porque en su minúscula autoestima creyeron que no consiguieron revalidar la mayoría absoluta por culpa del TIL. Así como creo y he dicho en mil ocasiones que el Tratamiento Integral de Lenguas era una buena idea mal aplicada, que se erró en su puesta en marcha, también digo que atribuirle la pérdida de votos popular a la cuestión lingüística es un argumento reduccionista que demuestra hasta qué punto los diputados del PP no se han enterado de nada y cuán nula ha sido su capacidad de análisis y autocrítica. Pobres diablos, ¿de verdad han cedido a la falacia del pancatalanismo? Tienen más miedo que un perrillo apaleado. El escarnio a su cobardía llegó con Armengol y toda la tropa bailando la conga en la calle frente al Parlamento en plena celebración perrofláutica, batucada y charanga incluida, en la que solo les faltó correr a gorrazos a Marga Prohens vestida de cipotegato, dicho sea esto con el mayor respeto a los ciudadanos de la villa de Tarazona, que entiendo que su fiesta es querida e intocable.

Los populares navarros tienen lo que hay que tener. Los de aquí por no tener no tienen ni… Eso lo dejo a la elección del lector. De ser esto un partido de fútbol, el Osasuna le hubiera metido una goleada al Mallorca, por lo menos una manita. O dicho de otra manera: Pacharán 5 – Hierbas Dulces 0. Apenas conozco las tierras navarras, no más que lo que pude ver en una breve visita a Pamplona. Constaté que comen y beben de puta madre y ahora sé que tienen palabra y no se jiñan ante nadie. Me gustaría decir lo mismo de los nuestros.  Me pongo pesado —sí, lo sé— y una vez más recurro a Winston Churchill, el hombre al que se le atribuyen tantas citas que si todas fueran ciertas se habría desencajado la mandíbula de tanto darle a la sin hueso. No lo dijo exactamente así, aunque reproduzco la versión más extendida: «Les dieron a elegir la guerra o la vergüenza; eligieron la vergüenza, y tuvieron la guerra». Aplíquense el cuento los diputados del grupo parlamentario popular. Su vergüenza no ha servido de nada porque, les guste o no, tendrán la guerra.

La tendrán, aunque bailen la conga.

Actualizado: 14 de marzo de 2022 , , ,

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