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OPINIÓN / "Rey o vasallo", por Eduardo de la Fuente

Semana de vértigo... El país tiembla una vez más con las multitudinarias manifestaciones sindicales del primero de mayo; se huele en el aire el advenimiento de la Tercera República gracias a la apertura al público de los insulsos jardines del palacio de Marivent tuneados con una colección horrorosa de la peor obra escultórica de Miró (si es que acaso la hay buena); continúan las detenciones por corrupción de miembros del PP que demuestra que alberga tantos políticos chungos como secuaces chinorris de las películas de Fu Manchú, que por muchos que mates no dejan de aparecer de detrás de un biombo; la cafre de Marie Le Pen plagia un discurso de Fillon en su campaña contra el soso de Macron; Pablo Iglesias continua con sus memeces de colarse en la foto, que un día saldrá con un guiri en la Cibeles; los de MÉS por Menorca siguen erre que erre con su federalismo balear y anuncian que se independizan de Mallorca, mientras los de aquí no saben cómo diantres acabará la party de Garau y sus contratos... Todo para bostezar y desencajarse la mandíbula.

Le Pen aparte, porque es gabacha, va a lo suyo y ya tienen suficientes problemas los del norte con la mierda como un piano que se les viene encima, lo cierto es que la apatía que generan nuestros políticos es mayúscula. No tienen ni puta idea de lo que es la calle. Para muestra, échenle un vistazo al demoledor informe del Instituto Nacional de Estadística que lleva por título Encuesta de condiciones de vida (ECV). Al próximo que me diga que España está saliendo de la crisis le hago comer de un guantazo el informe del INE para que lo cague hecho confeti, a ver si se le quitan las ganas de fiesta. El informe que se publica ahora hace referencia a los ingresos netos de los españoles durante el año 2015 y fija como metodología para valorar el porcentaje de personas en riesgo de pobreza el indicador AROPE, común en toda la Unión Europea. Como a todos los estudios sociológicos, se le puede encontrar peros, si bien está bastante detallado y, a diferencia de la percepción de cada uno, nos muestra datos. Siempre he dicho que los números son tozudos, no mienten. La realidad es como una mano invisible que no vemos hasta que nos calza una hostia que nos deja medio tontos y desorientados.

Quedémonos con el caso de Baleares. El ingreso neto medio anual por persona es de 12.212 euros. Ajusten cuentas, el ciudadano medio es mileurista. El ingreso neto medio anual por familia es de alrededor de 26.000 euros. Si tomamos como base una unidad familiar básica compuesta por dos progenitores y un hijo, la cosa no es para tirar cohetes. No hace falta ser Hayek para advertir la polarización económica de nuestra sociedad. De los nueve indicadores de pobreza o exclusión social de AROPE, resulta que el 8 por ciento de las familias no puede cubrirlos. Dicho de otra manera: el 14,1 de las familias tiene mucha dificultad para llegar a final de mes; el 9,9 retrasa sus pagos; y el 28,6 carece de tesorería para gastos imprevistos. Este último dato es significativo pues nos recuerda a la tasa de ahorro familiar enunciada por Ramón Tamames. En los años de bonanza nos hicieron creer que ahorrar era de tontos y ahora resulta que no es tan malo, que nos damos cuenta de lo jodida que está la cosa cuando se nos rompe la nevera y no podemos comprar otra. Son solo algunas cifras, tampoco les quiero marear.

¿Qué ha sido del informe del INE? Yo no he visto grandes noticias ni a políticos siquiera valorarlo. Estaban los medios con la tontería de que si a la tenista Serena Williams se le había colado una foto de su tripita de embarazada en Instagram, o de si el buga de Fernando Alonso tira menos que una tartana, o de si Messi es Dios, o de si Teresa Campos está destrozada porque Bigote Arrocet se ha largado a una isla tropical a pasar hambre. Mientras tanto el PP anuncia la enésima oficina anticorrupción interna que seguirá fallando como una escopeta de feria, los de Podemos continúan con su nueva purga errejonista y lanzan una moción de censura contra Rajoy tan esotérica como fumada, el PSOE ni está ni se le espera, Ciudadanos sigue pensando en lo que querrá ser de mayor Albert Rivera, el PNV mariconea con el PP para trincar todo lo que pueda en los presupuestos generales del Estado, Puigdemont hace que no se cuesca de la movida de los Pujol y cancela un viaje a Marruecos porque los moros han pasado de él como de la mierda, Armengol y su desgobierno de retroceso se llenan de denominadores que parecen un examen de fracciones de un niño de EGB... Lo dicho: no se enteran, no tienen ni puta idea.

Lo de los medios de comunicación —y que conste que hay honrosas excepciones— lo voy a dejar. Es mi gremio y ya me cansa darle hostias. Lo de los políticos... Uf, es muy duro. Pero lo entiendo. Con corrupción o sin ella, aún quedan no pocos políticos —también los hay honrados y de vocación, no lo duden aunque parezca mentira— que entienden su profesión como un medio de enriquecimiento. Lo interpretan de dos maneras: los que trincan porque siguen creyendo que nunca pasa nada y que están por encima de la Ley o que pueden retorcerla a su antojo; y los que andan pillados en una dinámica de la que no pueden salir porque jamás han conocido el sector privado. Indeseables de la primera categoría siempre los habrá que intenten medrar bajo el paraguas de cualquier sigla. Los segundos pueden parecer menos dañinos, pero les aseguro que son tanto o más perniciosos que los otros. Les pongo un ejemplo que conozco y del que, como podrán entender, no voy a dar demasiados datos por aquello de preservar su intimidad. Imaginen un matrimonio en el que él anda por los cuarenta y tantos, siempre ha sido director general de esto, jefe de aquello, directivo de empresa pública, regidor y demás mandangas. No ha cotizado un puñetero día a la Seguridad Social en una empresa privada. Ella es una pizpireta muy mona e inteligente —lo es, de verdad— que acabó la carrera, el partido la colocó hasta que aprobó unas oposiciones, luego fue regidora y otras sopas bobas. Tienen un churumbele. Viven de puta madre porque se levantan unos 6.000 euros mensuales, todo gracias al patrocinio de su partido. Cuando el aparato del partido los llama a filas no dicen «¿qué hay que hacer» o «¿en qué podemos ayudar?». No, el grado de dependencia y sumisión les lleva a preguntar «¿a quién tenemos que matar?». Hombre, no se van a quedar sin llevar al niño a Eurodisney, no vaya a ser que se traumatice por no poder abrazar al ratón Mickey. Así funcionan las cosas. Los partidos se han convertido en empresas que buscan un beneficio propio con el dinero del contribuyente, que crean y generan casta —lo de casta, mal que les pese, no es un término podemita, que ellos también lo son— y que se olvidan de hacer lo que tienen que hacer: política, ideología y acción de gobierno u oposición, según les toque.

Es este un problema que no tiene solución. Hay que darse por vencido y hundirse en la tristeza. Así pues, como en aquella vieja canción de Gabinete Caligari, no nos queda más que preguntarnos quien dispuso la suerte de ser rey o vasallo, oír palabras de resignación y comulgar con falsos credos de bondad. La vida y el amor nos enseñan la única opción: rey o vasallo. La política, además, nos muestra los ríos de mierda que jamás podremos vadear.

Actualizado: 14 de marzo de 2022 none

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