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La diferencia entre brillar e iluminar: Un caso práctico

Cada vez que se queda embarazada le ofrecen un trabajo mejor. Como tiene tres hijos y una carrera profesional meteórica ha decidido de acuerdo con su marido frenar un poco. Me refiero a la natalidad, porque su empresa y ella avanzan como un tiro. Fuencisla Clemares tiene nombre de virgen segoviana, y quizá la clarividencia mariana le haya impulsado en tiempo récord a la Dirección General de Google en España y Portugal. Eso y su talento, claro. La APD trajo a Palma a una de las ejecutivas más brillantes de nuestro país para ilustrarnos sobre las consecuencias de la cuarta revolución tecnológica, que viene de la mano de la Inteligencia Artificial. Las conversaciones con una máquina que nos habla en casa con acento perfecto ya son una realidad, y si obviamos el asunto de la intimidad y la protección de datos la cosa puede resultar entretenida. Pero hay asuntos más inquietantes.

Clemares utilizó en su charla un ejemplo inocente sobre el avance del Machine Learning, el aprendizaje automático de los ordenadores, mostrando las imágenes de un videojuego elemental. Todos sonreímos al ver los rebotes cada vez más rápidos de la bolita, y cómo la máquina adivinaba su trayectoria. Yo creo que Clemares enseñó un juego de niños para no epatar demasiado al personal. Stockfish es un motor de ajedrez creado en código abierto que en 2016 se proclamó campeón mundial. Había sido programado por varios genios informáticos acumulando siglos de experiencia humana en este juego, y décadas de partidas jugadas por ordenadores. Además, para emplear todo ese conocimiento Stockfish podía calcular 70 millones de posiciones en el tablero por segundo. Pero en 2017 Google lanzó su programa AlphaZero sin introducir toda esa información previa, y además era mucho más lento: “solo” realizaba 80.000 cálculos por segundo. Para compensar esas carencias AlphaZero empleó los últimos avances en aprendizaje automático. AlphaZero derrotó a Stockfish, pero lo que asusta es cómo lo consiguió: el programa de Google solo necesitó entrenarse jugando contra sí mismo durante… ¡cuatro horas! De bebé a Gran Maestro mundial del ajedrez en una tarde.

Para ser justos también deberíamos reflexionar sobre la destrucción de millones de puestos de trabajo de conductores profesionales, la mayoría no preparados para acceder a los nuevos empleos que genera la tecnología.

No hace falta ser tan inteligente como Clemares para adivinar el impacto sobre el empleo de esta cuarta revolución tecnológica. Pensemos en los coches autónomos y la conducción inteligente, y la mejora en los tiempos de desplazamiento y la seguridad vial. Para ser justos también deberíamos reflexionar sobre la destrucción de millones de puestos de trabajo de conductores profesionales, la mayoría no preparados para acceder a los nuevos empleos que genera la tecnología. Cabría valorar el deterioro de su calidad de vida, la pérdida de confianza en sí mismos, su salud mental… quizá lamentaríamos menos muertos en carretera pero más suicidios por depresión. No lo sabemos, y Clemares no nos iluminó al respecto. Google es la cuarta empresa mundial por su valor en bolsa, pero curiosamente solo da empleo a 80.000 personas.

Reconoció que solo se equivocan los que hacen cosas, que cuando intentó arreglarlo ya era tarde, y que le gustaría que la gente tuviera clara la diferencia entre empresarios y especuladores.

Tras la aparición mariana de Fuencisla y la frialdad de su visión estratégica me quedé como el que se cruza un gallego en la escalera. Pensaba en el futuro de mi hija y no sabía muy bien si con este panorama las nuevas generaciones subirán o bajarán en términos de bienestar colectivo. En esas dudas estaba cuando tres días después otro discurso sacudió mi pesimismo. En el III Foro El Económico organizado por el Grup Serra un hombre mayor de pelo níveo y ojos de aguamarina habló con humildad de una historia empresarial que abarca cuatro generaciones de mallorquines. Sus empresas dan trabajo a 33.000 personas, casi la mitad que Google en todo el mundo. A Miguel Fluxá se le quebró un poco la voz cuando recordó la venta de Viajes Iberia a un fondo de inversión, y cómo miles de aquellos empleos que creó en tantos años de esfuerzo saltaron por los aires en cuestión de meses. Reconoció que solo se equivocan los que hacen cosas, que cuando intentó arreglarlo ya era tarde, y que le gustaría que la gente tuviera clara la diferencia entre empresarios y especuladores. Se le entendió todo, y algo más de 400 personas tragaron saliva antes de aplaudir.

En estos tiempos de ruido y furia, en este santa tierra haces amigos sacando el fusil dialéctico y disparando a un hotelero. Sucede que hay personas cuya trayectoria demuestra que es posible un enfoque humanista en la empresa. Dice Harari en su libro “21 lecciones para el siglo XXI” que el liberalismo ha sobrevivido porque es flexible y se ha adaptado a las nuevas realidades, y porque no existe un relato alternativo. Pero aclara que ese mismo liberalismo hoy no es capaz de ofrecer respuestas a los dos grandes problemas que enfrenta la Humanidad: la disrupción tecnológica y el colapso ecológico. Sin embargo, el proyecto empresarial de la familia Fluxá intenta ofrecer respuestas locales y globales a ambos dilemas.

La sostenibilidad ambiental no debe entenderse como un lastre para el crecimiento, sino como un motor para impulsar el desarrollo económico y social.

En primer lugar, demuestra que el empleo estable, la formación continua y las retribuciones dignas constituyen inversiones de futuro rentables en una organización que ya no vende servicios, sino experiencias. Sabina Fluxá habló de respeto e integración de la diversidad en una empresa presente en 35 países, de digitalización de los procesos y de liderazgo emocional. Y sonó tan creíble como su padre.

Pero también hubo respuesta al segundo conflicto planteado por Harari: Gloria Fluxá explicó que hoy la sostenibilidad ambiental no debe entenderse como un lastre para el crecimiento, sino como un motor para impulsar el desarrollo económico y social. En un futuro próximo ese consumidor santificado por el liberalismo dejará de observar el enfoque ecológico de los negocios como una opción cool, y pasará a entenderlo como una obligación de las marcas, o sea, un estándar de mercado. Y en esto se ha adelantado Iberostar con su “Ola de Cambio”, un proyecto que les cuesta mucho dinero pero que responde a un planteamiento a largo plazo del negocio. La visión de Clemares fue brillante, pero la mirada de los Fluxá además fue luminosa.

 

 

 

 

Actualizado: 14 de marzo de 2022 , , , , , ,

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