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Los morados, rojos de rabia

Tras la investidura fallida de Pedro Sánchez, se abre un nuevo período de negociaciones. Ahora desde Podemos el protagonismo ya no lo va a tener Pablo Iglesias, vetado por el socialista. Irene Montero asume el papel de interlocutora y posible futura vicepresidenta del Gobierno de España.

Susana Hernández, desde su particular visión de la realidad ficcionada, nos muestra la nueva situación política y familiar que debe afrontar la pareja Iglesias-Montero.

  1. SALÓN DE PABLO IGLESIAS - CHALÉ DE GALAPAGAR, POR LA MAÑANA

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, se encuentra tumbado en su sofá un día después de la fallida investidura de Sánchez y, por tanto, del fallido gobierno de coalición PSOE-Podemos.

Por todo ello, Iglesias se encuentra terriblemente decaído y sin ánimo de hacer nada. Sus hijos, Leo y Manuel no dejan de molestarle, pero él se limita a hacerle un gesto a la ‘nurse’ para que se los lleven a otra habitación.

Una vez se ha librado también del resto de sus trabajadores, observa su reflejo en la pantalla de su televisión de 85 pulgadas y comienza un monólogo en el que habla para su propio reflejo.

PABLO:

Pero, mírate, ¿en qué te has convertido? Tú, que creaste de la nada todo un partido político y ahora ni en él te quieren. Tú, que pretendiste ser Karl Marx y no llegas ni a Felipe González…

(Toma un trago de whiskey y sigue hablando)

Y todo es culpa de ese Sánchez. Tenía una única tarea, ¡una sola! Impedir el ‘trifachito’ en España. ¿Es consciente de que si ha llegado a dónde está, con los votos que tiene, era precisamente para evitar lo que acaba de pasar? ¡¡¡MALDITO “VOTO ÚTIL”!!!

Iglesias se levanta y lanza el vaso de whiskey contra la pared, que se rompe en mil añicos. La señora de la limpieza entra rápidamente, recoge los pedazos y se va.

PABLO:

¡¡¡Todo por tu estúpido orgullo, Sánchez!!! Maldito y orgulloso hipócrita… Las derechas están encantadas, ¡para no estarlo! Y, para colmo, el pueblo me culpa a mí. ¡A mí! ¿Pero qué querían que hiciera? Si el Gobierno es como… ¡como esta casa! Y Sanchez pretendía quedarse con la cocina, los dormitorios, el salón, los cuatro baños, el cuarto de invitados, la piscina, el invernadero… ¡Y dejarme a mí con la puñetera caseta del perro!

(Volviendo a sentarse, pasando una mano por su frente con exasperación)

Y ahora ese sinvergüenza se reúne con mi mujer… ¿Se da cuenta de que solo está ahí por mí? ¡Seguiría siendo profesora si yo no hubiera aparecido!

(Pensativo)

¿Qué estarán haciendo ahora? ¿Y si en realidad…?

Iglesias no llega a terminar la frase. Irene Montero entra en escena, regresando de su reunión con Pedro Sánchez.

A su llegada, Iglesias cambia por completo su expresión. Ahora se muestra, o finge mostrarse, alegre y despreocupado. Va hacia ella y la besa en la mejilla.

PABLO:

Hola, cariño, ¿qué tal la reunión?

IRENE:

Bien.

Sin dar más explicaciones, Montero se sienta en el sofá que antes ocupaba su marido. Agotada, se quita los tacones y se deja caer en el respaldo.

PABLO:

(Intentando sonsacarle información)

¿Sólo bien?

IRENE:

Si, solo bien. No sé qué esperas que te diga.

PABLO:

(Situándose detrás de su mujer para darle un masaje en los hombros)

Pues de qué habéis hablado y esas cosas…

IRENE:

(Se vuelve para mirar a su marido)

Pablo, eso no puedo decírtelo.

Iglesias suspira y asiente. Se recuesta en el sofá junto a su mujer.

PABLO:

Es solo que no entiendo por qué no he ido yo. Al fin y al cabo, es conmigo con quien tiene que negociar.

IRENE:

Pues porque no quiere verte ni en pintura, cariño.

PABLO:

(Sin pensar demasiado lo que dice)

Ya, pero yo tengo más formación.

IRENE:

(Se levanta, enfadada)

¿Qué insinúas?

PABLO:

¡Nada, nada! Solo que si tú estás en la posición que estás es porque yo…

IRENE:

¿Por qué tú, qué? ¡Yo fui elegida en unas primarias! ¡Renuncié a una beca por el partido! Tengo una licenciatura en Psicología, un máster en Psicología de la Educación y un doctorado en Formación de Profesorado Universitario. ¡Sabes de sobra que estoy más que capacitada para el puesto! Y si no lo crees así da igual, porque Pedro sí lo hace.

PABLO:

Amor, no pretendía…

IRENE:

No, tú nunca pretendes nada. ¡Igual que con la investidura! Pablo, admite que has sido demasiado orgulloso con tus exigencias y más que incoherente. Como se repitan elecciones la izquierda pasará de vosotros dos mientras que la derecha irá a votar en masa. La habéis cagado pero bien.

PABLO:

(Suspira)

Todo eso lo sé, ¿vale? Lo que no sé, precisamente, es cómo arreglarlo…

IRENE:

(Sentándose de nuevo a su lado y rodeándole con un brazo)

Haciendo lo que ya estamos haciendo; dejando que yo sea quien se reúna con Sánchez.

La cabeza de Pablo Iglesias da mil vueltas. Hace unos minutos estaba furioso con ella y ahora solo desea que pudiera sacarle del marrón en el que se ha metido.

PABLO:

(Rindiéndose)

Está bien, lo que tú digas, cariño.

La pareja se abraza. Ya es la hora de comer, así que deciden llamar al cocinero para que les prepare algo y dejar el tema de momento. Sánchez, y España, tendrán que esperar.

Actualizado: 14 de marzo de 2022 none

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